Una de las frases más peligrosas que un entrenador de ajedrez puede decir es: "Tu hijo tiene mucho talento".
Suena bien. Los padres sonríen. El niño se siente especial. Todos salen contentos.
Pero el problema aparece meses o años después.
Muchos padres no escuchan la palabra "talento". Escuchan la palabra "genio".
A partir de ese momento crean expectativas irreales. Empiezan a imaginar títulos, trofeos, rankings y ascensos meteóricos. Y cuando el progreso del niño se ralentiza —algo completamente normal en cualquier proceso de aprendizaje— buscan un culpable.
¿Y quién suele ser el primer sospechoso?
El entrenador.
Después de todo, según ellos, el niño era muy talentoso. Si no está avanzando al ritmo que imaginaban, entonces alguien está haciendo mal su trabajo.
Lo que muchos olvidan es que el talento, incluso si existe, no sustituye al trabajo.
De hecho, la mayoría de los jóvenes ajedrecistas que progresan rápido no son necesariamente los más talentosos. Son los más comprometidos. Son los que analizan partidas por su cuenta, resuelven ejercicios, estudian aperturas, revisan sus errores y dedican tiempo al ajedrez fuera de las clases.
Por eso, en lugar de decir que un niño tiene mucho talento, muchas veces es más prudente decir algo como:
"Tu hijo está muy motivado por aprender."
"Le gusta mucho el ajedrez."
"Tiene una gran disposición para mejorar."
Estas afirmaciones describen hechos observables y evitan crear expectativas exageradas.
Además, es importante explicar desde el principio que el progreso en ajedrez no depende únicamente del entrenador.
Un entrenador puede orientar, corregir y acelerar el aprendizaje. Pero no puede estudiar por el alumno.
Y esto es especialmente cierto cuando el estudiante recibe una sola clase semanal. Pretender que una hora de clase a la semana transforme a un niño en un jugador fuerte sin trabajo adicional es como esperar ponerse en forma visitando el gimnasio una vez cada siete días.
La realidad es sencilla: el ajedrez recompensa el esfuerzo sostenido.
El talento puede ayudar al inicio. La motivación puede impulsar los primeros pasos. Pero el progreso serio casi siempre está construido sobre horas de trabajo independiente.
Por eso los entrenadores deberían ser extremadamente cuidadosos al utilizar la palabra "talento".
No porque el talento no exista.
Sino porque demasiadas personas entienden algo muy diferente cuando la escuchan.


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