Por Nuria Angélica Sánchez Matías
Integrante del Club de Ajedrez de Alto Rendimiento Capablanca
Mérida es la ciudad apropiada para realizar un evento de la magnitud del Carlos Torre. Sus habitantes te tratan como si fuera tu casa y por eso te sientes igual de cómodo durante las partidas, sin estrés ni presión.
Los lugares donde se realizó la justa eran grandes y luminosos, con el fin de concentrarse y analizar cómodamente. El Olimpo, (donde los jugadores mayores compitieron), estaba adornado con pinturas y bellas esculturas de piezas de ajedrez. En una sala con proyectores, jugaron y proyectaron las partidas de los Grandes Maestros; era una gran motivación analizarlas y ver como ellos jugaban casi casi lo que tu sugerías.
El lugar de la competencia infantil se llevó a cabo en el centro comercial “PLAZA DIAMANTE”. Los tableros se encontraban frente a una cascada artificial al fondo del pasillo principal. Al lado de la mesa de los árbitros, una escalera te llevaba a los baños y un área especial para padres que deseaban tomar una fotografía panorámica “aérea” de las partidas.
Me encontraba admirando el lugar cuando dieron aviso de comenzar la primera ronda de seis en total. En la atmósfera se podían percibir nervios y, hasta cierto punto, temor ante un(a) contrincante desconocid@, quizá con mayor rating, o tal vez principiante. Sin embargo, la cascada antes mencionada liberaba en tu interior confianza en tus conocimientos y fuerza para enfrentarte en el tablero, cada vez que la mirabas. Al término de cada partida, los árbitros recogían la partida original escrita por ti en una hoja con el logo del evento, quedándote tú con la hoja copia azul. Agradezco, aprovechando este medio, a todos y cada uno de los jueces por su admirable y constante toma de decisiones legales, justas y correctas por el bien del ajedrez y l@s niñ@s.
Las siguientes rondas transcurrieron sin incidente alguno, 2 cada día. El cambio de sensaciones en el medio era tangible, fuimos tomando confianza con los otros participantes y los peques también hicieron nuevas amistades.
Aún así, el final estaba cerca y los contrincantes eran cada vez más…
…fuertes y ansiaban ganar…
En la Última Ronda (lo escribo en mayúsculas por ser éste un momento especial), los primeros lugares fueron combatidos valientemente por las piezas blancas y negras y los ganadores fueron anunciados, por su gran dedicación en este arte. La premiación fue emotiva. Los ganadores eran físicamente distintos: altos, morenos, con carita de ángel… pero con un sentimiento enorme de orgullo compartido. Unas chicas yucatecas presentaron el ballet “PIEZAS DE AJEDREZ” en el cual demostraban el impacto ajedrecístico en el baile y música.
En lo personal, agradezco por haber tenido esta oportunidad de fogueo a mi entrenador (por su constante preparación), a mi madre (por haberme acompañado) y a los boxitos (que me trataron con hospitalidad). Espero que esta no sea la última vez que asista a este reconocido torneo y que más personas acudan y se lleven una grata experiencia llena de crecimiento y aprendizaje ajedrecístico.
“GENS UNA SUMUS”
Los lugares donde se realizó la justa eran grandes y luminosos, con el fin de concentrarse y analizar cómodamente. El Olimpo, (donde los jugadores mayores compitieron), estaba adornado con pinturas y bellas esculturas de piezas de ajedrez. En una sala con proyectores, jugaron y proyectaron las partidas de los Grandes Maestros; era una gran motivación analizarlas y ver como ellos jugaban casi casi lo que tu sugerías.
El lugar de la competencia infantil se llevó a cabo en el centro comercial “PLAZA DIAMANTE”. Los tableros se encontraban frente a una cascada artificial al fondo del pasillo principal. Al lado de la mesa de los árbitros, una escalera te llevaba a los baños y un área especial para padres que deseaban tomar una fotografía panorámica “aérea” de las partidas.
Me encontraba admirando el lugar cuando dieron aviso de comenzar la primera ronda de seis en total. En la atmósfera se podían percibir nervios y, hasta cierto punto, temor ante un(a) contrincante desconocid@, quizá con mayor rating, o tal vez principiante. Sin embargo, la cascada antes mencionada liberaba en tu interior confianza en tus conocimientos y fuerza para enfrentarte en el tablero, cada vez que la mirabas. Al término de cada partida, los árbitros recogían la partida original escrita por ti en una hoja con el logo del evento, quedándote tú con la hoja copia azul. Agradezco, aprovechando este medio, a todos y cada uno de los jueces por su admirable y constante toma de decisiones legales, justas y correctas por el bien del ajedrez y l@s niñ@s.
Las siguientes rondas transcurrieron sin incidente alguno, 2 cada día. El cambio de sensaciones en el medio era tangible, fuimos tomando confianza con los otros participantes y los peques también hicieron nuevas amistades.
Aún así, el final estaba cerca y los contrincantes eran cada vez más…
…fuertes y ansiaban ganar…
En la Última Ronda (lo escribo en mayúsculas por ser éste un momento especial), los primeros lugares fueron combatidos valientemente por las piezas blancas y negras y los ganadores fueron anunciados, por su gran dedicación en este arte. La premiación fue emotiva. Los ganadores eran físicamente distintos: altos, morenos, con carita de ángel… pero con un sentimiento enorme de orgullo compartido. Unas chicas yucatecas presentaron el ballet “PIEZAS DE AJEDREZ” en el cual demostraban el impacto ajedrecístico en el baile y música.
En lo personal, agradezco por haber tenido esta oportunidad de fogueo a mi entrenador (por su constante preparación), a mi madre (por haberme acompañado) y a los boxitos (que me trataron con hospitalidad). Espero que esta no sea la última vez que asista a este reconocido torneo y que más personas acudan y se lleven una grata experiencia llena de crecimiento y aprendizaje ajedrecístico.
“GENS UNA SUMUS”
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