Por Nibaldo- Instructor FIDE
En el ajedrez existe una paradoja que afecta especialmente a los jugadores principiantes y jóvenes: estudiar demasiado puede convertirse en un obstáculo para mejorar.
Vivimos en una época en la que tenemos acceso a una cantidad enorme de información. Hay miles de libros de ajedrez, videos, cursos, artículos, aplicaciones, canales de YouTube y partidas comentadas. Nunca había sido tan fácil aprender ajedrez.
Pero precisamente por eso, muchos jugadores cometen un error: consumen información constantemente, pero aplican muy poco de lo que estudian.
¿Cuánto estás aprendiendo realmente?
Comprar un libro de ajedrez no significa haber aprendido su contenido.
Ver un video tampoco significa dominar el concepto explicado.
Leer sobre una apertura no significa saber jugarla.
Y conocer diez ideas diferentes no necesariamente nos convierte en mejores jugadores.
El verdadero aprendizaje comienza cuando somos capaces de utilizar una idea correctamente durante una partida.
Por ejemplo, un jugador puede estudiar en una semana principios de desarrollo, estructuras de peones, ataques al rey, sacrificios, finales de torres, aperturas y tácticas. Al comenzar una partida, intentará aplicar todas esas ideas al mismo tiempo.
¿El resultado?
Confusión.
El ajedrez no funciona como una lista de reglas que debemos aplicar todas simultáneamente. Cada posición exige decisiones concretas.
El problema de estudiar demasiadas fuentes
Uno de mis consejos principales para los jugadores jóvenes y principiantes es muy sencillo:
No estudies cinco libros cuando todavía no has aprendido realmente uno.
Es mucho más beneficioso elegir un buen libro, apropiado para nuestro nivel, y estudiarlo profundamente.
Leer diez páginas de cinco libros diferentes puede dar la sensación de estar progresando. Sin embargo, muchas veces estamos simplemente acumulando información.
Es parecido a intentar aprender cinco idiomas al mismo tiempo: podemos conocer algunas palabras de cada uno, pero tendremos dificultades para utilizarlos correctamente.
En ajedrez ocurre algo similar.
Un libro puede enseñarnos a identificar una debilidad en la estructura de peones. Otro puede insistir en la importancia de la actividad de las piezas. Otro puede enseñarnos que debemos buscar ataques contra el rey.
Todas estas ideas son correctas.
Pero cuando aparecen juntas en una posición concreta, ¿cuál debemos aplicar primero?
Esa capacidad de seleccionar la idea adecuada solamente se desarrolla con práctica y experiencia.
Consumir menos y aplicar más
Una buena fórmula para progresar podría ser:
Menos información + más comprensión + más práctica = mayor progreso.
Si estudiamos un concepto, debemos intentar utilizarlo en nuestras propias partidas.
Si aprendemos una idea de apertura, debemos jugar posiciones donde esa idea aparezca.
Si estudiamos un determinado tipo de final, debemos practicarlo.
Si aprendemos un motivo táctico, debemos buscarlo conscientemente en nuestras partidas.
No basta con decir:
"Ya lo estudié."
La pregunta realmente importante es:
"¿Soy capaz de reconocerlo y aplicarlo sobre el tablero?"
Ahí comienza el verdadero aprendizaje.
Un solo libro puede ser suficiente
Para un jugador principiante, un buen libro puede convertirse en un verdadero entrenador.
No es necesario cambiar constantemente de material.
Podemos estudiar un capítulo, resolver los ejercicios, jugar partidas y después regresar al mismo capítulo.
Quizás la primera vez entendamos solamente el 50% del contenido.
Después de jugar varias partidas, volveremos al libro y entenderemos cosas que antes no habíamos comprendido.
Eso es estudiar ajedrez de verdad.
La repetición no es perder el tiempo. Es profundizar.
Un mismo concepto puede adquirir un significado completamente diferente después de que hayamos cometido errores relacionados con él en nuestras propias partidas.
El tablero debe ser nuestro laboratorio
Después de estudiar, hay que jugar.
Y después de jugar, hay que analizar.
Y después de analizar, podemos volver al libro.
Ese ciclo es mucho más productivo que pasar constantemente de una fuente a otra.
Estudiar → aplicar → equivocarse → analizar → volver a estudiar → aplicar nuevamente.
Así es como una idea se convierte en conocimiento práctico.
Imaginemos que estudiamos que una torre debe colocarse detrás de un peón pasado.
Perfecto.
Ahora debemos buscar oportunidades para aplicar ese principio en nuestras partidas.
Si después de veinte partidas comenzamos a reconocer automáticamente determinadas posiciones donde nuestras torres pueden colocarse detrás de los peones pasados, entonces esa información ya está empezando a formar parte de nuestro conocimiento ajedrecístico.


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